domingo, 16 de diciembre de 2018

To'la vida

A mí,
    que me atrinchero en el recuerdo
           hago un homenaje de cada momento
           nombro a los perecidos del miedo

A mí,
    que conociendo el nombre de los culpables
           los escribo con las letras de la sopa
           tarareando una canción interminable
           pa'que no quede sin veneno ni una copa

A mí,
    que me rechinan los dientes cuando impunes
    descansan los autores, y aún disfruten
    aquella tranquilidad no merecida
    que grandes ladrones caracteriza

A mí,
    que sólo me queda
    aferrarme al recuerdo
    nombre por nombre recitando
    cuentas pendientes registrando

A alguien como yo,
no puedes decirle
que el olvido duele menos
cuando suyo ha sido el antagónico 
to'la vida.


lunes, 8 de octubre de 2018

DOLORES FANTASMA

Crecerse.

Lo nunca-antes-pensado, añadirse
que de la piel
nos crezcan más pieles
                     más ojos
                     más labios
                     más dientes
en otras lenguas, describirse
con otros brazos, esgrimirse
en otros pies caminarse

por otras pestañas, desearse
los nudillos
las muñecas
los talones, reforzarse

Crecerse,
añadirse un órgano
y después de verle partir
sentir aquel
miembro fantasma
que resistiendo
       latiendo
       doliendo
       se sigue haciendo presente

viernes, 21 de septiembre de 2018

BOLÍVAR ESQUINA CHIMALPOPOCA

 
"La vida de una obrera vale más que toda la maquinaria del mundo"


   Formando un cuenco alrededor de la boca buscamos calor. Padeciendo el ardor de los pinchazos y la aspereza de las ampollas producto del eterno roce entre aguja, hilo, máquina y piel. Subimos hacia la sien con el dedo en punta, presionando: punzante/ punzante/ punzante: será la sobrecarga. Será. Serán los rasgados, cansados y cafés testigos que dan forma a esa punzada que rebota entre trabajos, gritos, mamilas, hilos, fronteras, pendientes…
                  
                Y fronteras pendientes.




Segundo 0.5
   La tela no cuadra. La tela siempre cuadra. Es lo primero que hay que verificar, de no ocurrir, la ropa se devuelve por «defectos de fábrica» (porque es imposible decir «errores humanos»).
   La tela ha cuadrado siempre que la he sostenido con firmeza permitiendo que la aguja baile y una las piezas que el diseñador dibuja y el modelo luce, personajes que sin meter mano en el proceso de masificación se llevan todo el crédito: yo me quedo con los ojos y espalda agotados. Y las nulas aspiraciones de que mi trabajo sea reconocido.

Segundo 0.8
    Sun me mira con un terror que nace chispeando en sus ojos. Adivino: la tela tampoco le cuadra. Y mientras las máquinas saltan, ella alarga su mano y toma la mía.
  -Cualquier cosa que pase, no olvides que permanecemos juntas, desde y para siempre.
    Taiwán se sentía en ella, en sus pies descalzos, juguetones y ligeros que después crecieron para volverse huidizos. Los gritos, las incertidumbres, los papeles pendientes que nos mantenían amarradas, pesaban menos a su lado. Compartíamos sangre, tierra, frontera, sueños, frustraciones. Y desde ahora, sacudidas.

Segundo 1
    Taiwán queda lejos. Se quedó lejos. Lo único que existe ahora es una rutina en donde el único sol que queda es el que se cuela en las mañanas por las rendijas. Y el nombre de mi hermanita resulta casi poético, porque al lado de mi, sonríe, y de pronto su calidez me inunda el pecho.
  Llegamos a la brava: con chaleco y sin papeles, con sueños y sin esperanzas, con familia y sin dinero. Con un oficio y sin trabajo.
    Y definitivamente: con la inocencia, y sin sospecha de que alguien podría tomar ventaja de la anulación de nuestra humanidad que otorga la ausencia del papel que autoriza la cruza de líneas imaginarias. Sacudía el mar el barco y Sun se aferraba a mi mano, a la de mamá y a la de Rinri, mi pequeño hijo. Sacudía la fiebre a Rinri y ella se aferraba a mi mano y a la del niño. Sacudía la risa, sacudía el hambre, sacudía el miedo, y Sun siempre se aferraba, con los nudillos vueltos acero.

  -Tengo miedo- admitió

     Y la tierra seguía convulsionando.

    Crujen las paredes, cruje la ciudad, crujen las máquinas que siguen trabajando por la esperanza de que la rutina normalice la tierra y esta decida dejar de crujir. Las rodillas tiemblan, crujen, se enfrían, tiemblan, tiemblan. Los pies helados, no pueden mantenerse en pie, sujetamos con fuerza la mano hermana. Y el aire se llena de polvo.

Segundo 1.5

    El aire se llena de polvo. Las maquinas se detienen, todas queremos correr, odiando como nunca este edificio que nos ha vuelto sus prisioneras y hoy más que nunca lo reafirma. No hay salida, no la habrá nunca. El edificio cede, los muros colapsan, la ropa se pierde. Sun se aferra. Y en medio de la polvareda, los gritos sobrevivientes, los llantos de incertidumbre, el polvo cubriendo los pesados párpados. Y los nudillos de Sun suavizándose.

  -Oye, ¿Estás ahí?

    Silencio. El único rastro de Sun es esa mano que a pesar de todo no me ha soltado.
    Desesperada quiero moverme. La tierra sigue en esa sacudida, haciendo ceder edificios más sólidos que ese en donde nos condenaron a muerte.
    *pip*En la esquina entre Bolivar y Chimalpopoca hay código rojo. Repito: Código rojo. Envíen apoyo*pip*
  -¡¿Sun?! Contéstame –decía entre lágrimas, con el peso del escombro en la cabeza, jalando la mano que se aferraba a mí, pero había soltado la vida.

    Imposible moverse, imposible aferrarse, imposible siquiera acariciar la sien, limpiar los ojos, enjugar las lágrimas. Imposible soltar la mano hermana. Aunque ésta haya sucumbido entre los escombros. Imposible excavar. Imposible sentir otra cosa que miedo.

19 de Septiembre de 2017, 20hrs

    El edificio cedió, pero muchas vidas que sepultaron, no lo hacían: la ayuda llegó poco a poco, sacaron a unas cuantas, y la peste, los gritos, los llantos, el peso, la muerte, la muerte, la muerte pesaban.

20 de Septiembre de 2017, 15 hrs

   El bullicio afuera es insoportable, la sed me quema la garganta, la gente grita, la policía grita ¡¿Por qué si alguien quiere entrar para sacarnos siguen escuchando a quien quiere ordenarles lo contrario?! ¡Lo que quieren es demoler para sacar sus máquinas y librarse de nosotras! ¡No los dejen! ¡Sáquenos de aquí! ¡Sáquenos! ¡No traigan las máquinas!

¡Seguimos vivas!

21 de Septiembre de 2017, 20 hrs.
    Ya me he resignado a quedarme aquí por siempre. De cualquier forma he reflexionado que lo que había ahí dentro no podía llamarse vida, quiero mi Taiwán, mis pies descalzos, mi sol, mi libertad, así que independientemente de lo que suceda aquí abajo, lo único que lamentaré es perderme el crecimiento de Rinri, pero si mamá lo cuida, seguro que no la pasaría tan mal, y quizá ni siquiera me extrañe demasiado, aunque por ahora lo mejor es cerrar los ojos y no pensar en eso.

Se escuchan las máquinas excavadoras
y yo sigo escuchando gritos de auxilio,
aunque no estoy segura si para ellos signifique algo

Los gritos sonaban mucho antes de la vorágine.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Quetzal-águila-quetzal


Para mi ave no hay jaula
                                lo suficientemente grande
Para mi ave no hay cielo
                                lo suficientemente ancho
Ni roca, ni agua, ni nido
                                pesada
                                pez-ada
                                posada

Mi ave no conoce la estancia
por más de una noche
                         (vuelo: directo
                          destino: incierto)

 “Me quedo esta noche,
                          En tu ca(l)ma,
                           Sólo porque es frío afuera"
                                                    [y helado dentro
   Me quedo esta noche,
                           y en un tren por la mañana
                           nos despedimos como nunca
                                                               los tres
                                                                    
                                                                     yo
                                                                     y mi ave
                                                                              que nunca vuelve
                          

martes, 31 de octubre de 2017

RAZONES

Escribo,
no porque tenga algo que decir,
aunque lo tenga.

Escribo,
no porque algo arda dentro de mi,
aunque lo haga.

Ni porque el llanto me quite el sueño,
ni porque en vida sólo haya duelos.

Escribo,
porque al mundo lo han dejado mudo,
y he decidido prestar mis manos.

jueves, 12 de octubre de 2017

Materia Prima

El albañil despierta.
Se despereza. Ya sobre sus dos pies se estira, curveando la espalda hacia atrás, truena los nudillos, el cuello, la cadera. Respira hondo. El aire está lleno de polvo, seguramente yeso o cemento. El cascajo le ha marcado la espalda entera causándole punzadas de dolor en cada punto donde por la noche se acomodó el escombro. Lleva ya varias noches durmiendo fuera de su casa, pero hoy si Dios quiere, duerme junto a Aby en la cama que recién han comprado.
El reloj marca  las seis y media de la mañana: el arqui no tarda en llegar. Despierta a los dos hombres que aún duermen en el suelo, mismos que con él, levantaron la casa desde el primer ladrillo.
El arqui trae tres escobas, tres cubetas, tres trapos, tres fibras, una silla. Los tres limpian el piso -colocado por ellos-, las ventanas -con la mancha de pegamento que uno de ellos tumbó por accidente, aún intacta-, el baño que apenas funciona -gracia a ellos-, las puertas, los pisos, los recovecos.
Cemento, ladrillo, cemento, ladrillo. 
Escoba, agua, jabón, trapo.
Cansancio, cansancio, cansancio.
Llevando el propio cuerpo al límite para levantar una casa ajena.
Afuera una pareja que desciende de un auto rojo reluciente recibe las llaves de manos de El arqui, dándole las gracias eufóricamente.

El albañil mira por la ventana y entiende que es momento de recoger sus cosas. Con los pies fijos en el suelo de la recámara principal admira su creación. Sale por la puerta principal, gozando un triunfo que dura apenas un instante: mañana, a esta misma hora, colocarán una cerca electrificada alrededor de la casa. Si por alguna razón se le ocurre cruzarla, llamarán a la policía para que le saque a golpes, señalándole, argumentando que la gente como él no puede entrar ahí porque no ha trabajado lo suficiente para vivir en un lugar así.

martes, 18 de abril de 2017

Guatemala, 8 de Marzo de 2017.

El 8 de marzo de este año, 43 niñas murieron calcinadas en el Hogar Seguro “Virgen de la Asunción”, en San José Pinula, Guatemala, mientras protestaban contra los abusos de los que eran víctimas en ese lugar. 
Por ellas, porque tienen nombre, y nos negamos a olvidarlas.
#NiUnaMenos.


Las cenizas jamás hablarán de tí.
No hablarán de tu voz, tu sonrisa. 
No se escuchará la música de tus abuelos, 
ni tu voz narrando aquella historia de siempre. 
No contarán la decisión que tomó tu madre 
entre lágrimas y deudas sin pagar, 
ni medirán la angustia que oprimió su pecho
cuando dio la espalda a la puerta por la que entraron juntas, 
pero sólo salió ella.

No.

Tampoco hablarán de tu primer noche en el albergue: 
de la incapacidad de cerrar los ojos, 
del silencio, 
del miedo. 
No dirán que, 
si juntáramos todas las lágrimas vertidas en aquel lugar, 
quizá, 
habríamos podido apagar el fuego.

Ni el hartazgo, 
ni las pesadillas, 
ni la desesperación 
serán mencionados.

Pero hablarán de ellos: 
aquellos que vieron el fuego, 
escucharon las súplicas, 
tenían las mangueras:
pero no se movieron ni un centímetro.

Aquellos que debían evitar que temieras, 
y a pesar de eso, 
decidieron ser la principal causa
del terror.

Hablarán del sistema que te llevó a vivir ahi, 
que es el mismo que no te dejó salir.

Las cenizas no hablarán de ti, 
pero por ti, 
no dejaremos que las callen.